El relato del Pdte. Spencer W. Kimball, 12vo Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Dias, sobre la importancia de leer La Biblia de inicio a fin impactó en su vida para tener el coraje, firme deseo de terminar de leer esta sagrada escritura. Y asi lo hizo.
Cuando Spencer W. Kimball tenía catorce años, oyó a Susan Young Gates, hija de Brigham Young, hablar en una conferencia de estaca sobre el tema de leer las Escrituras.
Después contaba:
Dio un discurso fabuloso sobre la lectura de las Escrituras y la habilidad de empaparse en ellas; luego se detuvo y preguntó a la congregación, que formábamos unas mil personas de diversas edades: ‘¿Cuántos han leído la Biblia completa?’.“...Me invadió entonces un complejo de culpabilidad, pues ya había leído muchos libros, las tiras cómicas y libros entretenidos,pero el corazón me decía con tono acusador: ‘Y tú, Spencer Kimball, tú nunca has leído ese libro sagrado, ¿por qué?’. Miré alrededor de mí, a la gente que estaba delante de mí y a ambos lados del salón, para ver si era el único que no había leído ese libro santo.
De las mil personas que había allí, unas seis o siete
habían levantado la mano con orgullo. Me hundí en el asiento; no pensaba en los demás que también habían fallado, sino en la profunda acusación que me hacía a mí mismo. No sé lo que el resto de la gente hacía o pensaba, pero yo no escuché nada más de aquel discurso; ya había cumplido su objetivo.
Cuando terminó la reunión, me dirigí a la gran puerta doble de salida y corrí a mi casa, que estaba a una cuadra al este de la capilla; en el camino iba apretando los dientes y repitiéndome: ‘Lo haré, lo haré, lo haré’.
“Entré por la puerta de atrás de la casa, fui hasta el estante de la cocina donde guardábamos las lámparas de aceite, elegí una que estaba llena de combustible y tenía la mecha recién recortada y me dirigí escaleras arriba al cuarto que ocupaba en el desván. Allí abrí mi Biblia y empecé a leer en Génesis, primer capítulo, versículo uno; y leí hasta avanzada hora de la noche sobre Adán y Eva,Caín y Abel, Enoc, Noé y todo el Diluvio, hasta llegar a Abraham”1.
Aproximadamente un año después, Spencer terminó de leer la Biblia: “¡Qué satisfacción sentí al darme cuenta de que había leído toda la Biblia, del principio al fin! ¡Y qué felicidad de espíritu! ¡Qué gozo sentía ante el panorama general que tenía de su contenido!” La experiencia le causó una impresión imperecedera y más adelante solía hacer referencia a ella en las conferencias generales y de área .
El presidente Kimball continuó toda su vida disfrutando de las bendiciones que trae el estudio de las Escrituras y animaba a los demás a hacer lo mismo...
Lo haras tu tambien?
(Enseñanzas del Presidente Spencer W. Kimball, Páginas 67-69)